Los jóvenes están moviendo a México

 

La naturaleza de los jóvenes es impulsar los cambios en la forma de ver y hacer las cosas. Ser joven es ser impetuoso, innovador, atrevido, valiente, no únicamente rebelde, como algunos adultos prefieren señalar con el afán de descalificar o minimizar los anhelos de cambio que genera la juventud. En contraposición, el adulto, a partir de los 40 años de vida, hace prioritario encontrar seguridad y estabilidad: económica, laboral, social y emocional; toda vez que, su formación ha sido encaminada para servir a un modelo económico, político y social que demanda personas dóciles que produzcan bienes y servicios a cambio de una ilusoria “seguridad” que permita creer en la conservación o mejoramiento mágico del statu quo –estado actual de las cosas-, situación que provoca la resistencia a todo intento de transformación que ponga en riesgo la forma y ritmo tradicional de vida. El concepto “cambiar” se contrapone al de “estable”. Es, por tanto, los mayores de 40 años, que en su mayoría gobiernan al país, tienen miedo a la juventud que justamente se manifiesta para exigir la transformación y composición de México.

 

La disputa  nacional

 

México enfrenta una crisis de corrupción generalizada -social, política, económica, gubernamental-, que ha movilizado al sector reactivo de una nación, los jóvenes, los cuales llaman a la reflexión nacional:

¿Seguir como hasta ahora, conservando un sistema político, gubernamental y de justicia infiltrado por la corrupción que provoca el deseo simple de poder y dinero o cambiar a un modelo de responsabilidad compartida entre sociedad y gobierno que incluya a la ciudadanía en la toma de decisiones en materia de políticas públicas, para generar un equilibrio de poderes basado en la transparencia y rendición de cuentas?

 

Quiénes se enfrentan

 

Por un lado, la clase política institucionalizada que gobierna movida por los intereses económicos que produce un sistema estimulado por la corrupción que facilita hacer negocios para enriquecerse, que está dispuesta a defender hasta con la vida de inocentes la conservación del estado actual de las cosas. En contraparte, los jóvenes, en su mayoría estudiantes, que impulsan  a través de la movilización social un mecanismo de presión mediática que forcé el cambio del modelo político, económico y de gobierno para hacer más democrático, abierto y transparente al país.

 

Las calles, el lugar de encuentro

 

La movilización pacífica que altere la normalidad política, gubernamental y económica, sin cometer delitos o hacer desmanes, es una vía histórica y efectiva que ha transformado los regímenes de las naciones, más en donde los funcionarios y servidores públicos suelen reaccionar cuando la población está a las puertas de sus oficinas, o ¿Qué acaso las manifestaciones no son convocadas con días de anticipación a su realización?

Es sumamente importante que los jóvenes tengan presente que la lucha para componer a México debe ser sin violencia, porque llevar las protestas al escenario de la anarquía, es convertirse en lo que se repudia. Las protestas deben ser pacíficas, los mexicanos demandan justicia, no venganza, las expresiones en las calles son para exigir respeto al estado de derecho, no para violentarlo.

 

Los jóvenes podrían cambiar a México

 

El presidente Peña Nieto, logro cambiar la constitución y las leyes secundarias para dar paso a las míticas reformas estructurales con la promesa de mejorar la calidad de vida de los mexicanos; en cambio los jóvenes, podrían renovar la forma de hacer política y  gobernar. La movilización nacional inicio por la violencia que se ha vivido en México, es inspirada en los 43 normalistas de Ayotzinapa, aunque en realidad, representa a más de 20 mil desaparecidos, a decenas de miles de asesinados y millones de familias mexicanas que han sido víctimas de un estado que encarcela al que se defiende; reprime al que se expresa; desaparece al que se insubordina y compra al necesitado.

 

La juventud está cumpliendo con su papel natural, intentar cambiar a un país que lleva cerca de un siglo sin una evolución en su sistema político y gubernamental; toda vez que, se han reformado las leyes, se cuenta con mayor protección jurídica, pero hacen faltan instituciones éticas que garanticen el respecto a los derechos humanos y que no hagan política con la justicia.

 

El cambio es posible

 

Pensar que nada cambiará fortalece al régimen político actual y debilita la participación ciudadana. Los jóvenes se están atreviendo a impulsar el cambio que México requiere, aunque se debe tener presente que aún no se ha conseguido nada. Vendrá un momento trascendente para el movimiento que lucha por la justicia, resistirse a la tentación del poder y dinero que se ofrecerá a cambio de regresar a las aulas o a sus casas. Los mexicanos debemos creer en los principios e ideales que han movilizado a los jóvenes de esta nación y confiamos que no pondrán precio al ímpetu natural que ha despertado esperanza de la reconciliación nacional. Negarse a comerciar con la sangre de las víctimas, es ser diferente a quienes desaparecieron a 43 normalistas que luchaban por un mejor país.

 

México necesita de sus jóvenes y estos la solidaridad de una nación. Tengamos presentes que los grandes cambios de la humanidad los han hecho pequeños grupos de ciudadanos reflexivos, decididos y comprometidos. Por tal motivo, comprométete en componer a México.

 

 #SiPodemosComponerMéxico

 

Dr. Jeremías Zúñiga Mezano
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