A propósito del día internacional de la mujer
A pesar de que fue apenas hace 36 años que oficialmente la Organización de las Naciones Unidas proclamó de manera oficial entre sus miembros el día 8 de marzo como Día Internacional de las Mujeres, existen muchos antecedentes de luchas, celebraciones y discursos oficiales y no oficiales a favor de los derechos y acciones para las del sexo femenino.
En lo personal, me parece lógico, justo y correcto que las mujeres tengan un reconocimiento de la misma magnitud que aquellos que se nos hacen a los hombres. Si pudiera existir el término me definiría a mí mismo como pro género. A continuación sustento con números el por qué de mi gusto y aprobación hacia políticas justas para hombres y mujeres. Para empezar en nuestro país las mujeres son mayoría (51 % de la población total que equivale a más de 57.4 millones de mujeres), y esa misma realidad se da en nuestro ámbito local (en Veracruz el 53 % de la población total es femenina y representan más de 3.9 millones de ellas). Por lo tanto son mayoría.
Suena increíble –pero es cierto– que quienes dominan presencial y físicamente nuestro entorno, quienes son fuente y nos dieron vida, quienes nos cuidan desde el nacimiento y quienes son sabias por naturaleza, las mujeres, tengan menos oportunidades de desarrollo y crecimiento que los hombres. Mi cabeza no lo concibe.
La lucha que han emprendido a lo largo y ancho del mundo nos puede llevar a pensar que en algún momento de la historia sucedió algo que marcó un hito y que provocó que en todo el planeta las mujeres tuvieran un rechazo a desarrollar ciertas actividades, portar ciertos cargos, tener ciertos derechos y tener el mismo valor y reconocimiento que sus similares masculinos. ¿Qué suceso pudo haber causado un desequilibrio de tal magnitud? No lo sé. Algunos oportunistas pudieran aludir a la historia bíblica de Adán y Eva, donde ella provocó su exilio del Edén; otros pudieran argumentar la fragilidad y delicadeza que impedía su trabajo físico o de resistencia; y unos más que de manera natural, como estaban genéticamente creadas para concebir vida, su destino era cuidar y criar hijos y no salir de casa. Si a eso le sumamos el hecho de que los hombres tienen la obligación evangélica, moral y ética de ser los proveedores del sustento familiar y ser cabezas de familia, pues a lo mejor a algunas personas les cuadraría ese desdén que han vivido por siglos las mujeres. A mí no.
A mí no, porque considero que ellas son tan o más capaces que los hombres para recomponer o enmendar errores del pasado, generar confianza, desarrollar actividades físicas, de resistencia o de planeación. Siempre saben qué decir o qué hacer, siempre tienen una palabra de aliento, de consuelo o de esperanza. Siempre tienen un buen consejo, siempre procuran lo mejor para todos, en especial para los suyos. Siempre nos dicen que pidamos orientación cuando estamos perdidos y por necios no la pedimos, siempre saben cómo ahorrar u optimizar el gasto familiar, siempre nos consienten y nunca les podemos ganar una discusión sólida. Así que en lo personal no me cuadra lo de un posible suceso histórico que las haya relegado a segundo o tercer nivel.
Ha habido muchos avances desde entonces, desde que comenzó su lucha por la igualdad de oportunidades. Increíblemente, el escenario donde las mujeres han alcanzado mejores resultados y espacios es en el terreno político. En nuestro país, actualmente la Cámara de Diputados tiene 188 diputadas de los 500 espacios posibles, representan el 37.6 %, y en el Senado son 45 Senadoras de 128 espacios en total, lo que equivale al 35 %. En Veracruz, ellas representan el 24 % de los 50 escaños disponibles, es decir, son un total de 12 legisladoras veracruzanas.
Sin embargo, en el ámbito laboral del sector privado los números no son tan alentadores. Según datos de INEGI, durante 2010 las mujeres tan sólo alcanzaron el 28 % de todos los escaños de participación en puestos ejecutivos, altos funcionarios y directivos a nivel nacional. Veracruz no fue la excepción, pues a duras penas alcanzó el 24 % de todos estos espacios a nivel estatal. Por su parte y en contraste, los espacios de profesionistas y técnicos por igual presentan desventaja entre los sexos, pero con menor brecha ya que las mujeres ocuparon el 40 % del total de los espacios. ¿Qué quiere decir esto?, que si bien la legislación obliga a los partidos políticos y con ello han ido mejorando las posiciones y condiciones de apertura para las mujeres, no ha sido de igual impacto en el sector privado y sobre todo en las posiciones de alto mando y decisión, es decir, a las mujeres les han abierto más la puerta para espacios de menor jerarquía y mayor desgaste.
Por último y de acuerdo a cifras del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el nivel de desarrollo que tienen las mujeres es distante del que tienen los hombres. Calculan el Índice de Desarrollo relativo al Género del país y cada una de las entidades federativas y catalogan a México como país de desarrollo humano alto con perspectiva de género con un valor de 0.8172. La entidad con mejor desempeño en las oportunidades de desarrollo es el Distrito Federal con un valor de 0.9078, mientras que Chiapas presenta la menor amplitud en las capacidades básicas para las mujeres con un valor de 0.7167. A Veracruz lo ubican en el lugar 29 de 32 con un valor de 0.7663, lo que representa que estamos en la categoría de desarrollo humano relativo al género medio bajo, aspecto preocupante sin duda alguna.
Por lo argumentos anteriores, apoyo contundente y decididamente a las mujeres, al hecho de que tengan los mismos espacios, salarios, responsabilidades y oportunidades que los hombres pero siempre con indicadores que evalúen su desempeño, mismos que los hombres. Alego que tengan mayores prestaciones laborales que los hombres dadas sus condiciones de embarazo, parto y post parto. Deseo que nuestros legisladores modifiquen las leyes y reglamentos para que las empresas y entes de gobierno provoquen más y mejores opciones para las mujeres pero más que eso, deseo que todos los logros que las mujeres mexicanas y veracruzanas han conseguido como premios, reconocimientos, trofeos, medallas, concursos estatales, nacionales e internacionales, sean motivo de orgullo para que no sólo en el discurso, sino en las acciones representen hechos contundentes a su favor. Menos protocolos y más movimientos. Madre sólo hay una, no nos quedemos sin ella…
[1] Autor Carlos Robles Saldaña. El autor cuenta con estudios de Licenciatura en Economía por la Universidad de las Américas en Puebla así como con estudios de Maestría en Administración por el ITESM. Se ha desempeñado en el sector internacional, privado y público.
