48 horas de fe, esperanza y oración en Catemaco “No fue Wilfrido, sino Jesucristo”

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El centro de Catemaco era un caos la mañana del domingo 13 de noviembre, el ambiente olía a objetos quemados, se respiraba humo por el fuego que no se había apagado dentro de Palacio, los restos de una patrulla calcinada se veían a los lejos; los niños y  reporteros con cámaras en mano,  corrían en estampida junto a la turba rumbo al palacio municipal.

 

Un pelotón de 300 policías de la Fuerza Civil ingresó a la ciudad de los brujos a las 10:56 horas, y no precisamente para proteger a la ciudadanía, sino para escoltar al Gobernador, Flavino Ríos Alvarado y al fiscal de Veracruz, Luis Ángel Bravo Conteras, que  llegaron a esa hora para coronarse de Gloria, y dar  la buena noticia de la aparición del sacerdote secuestrado, José Luis Sánchez Ruiz, “no conocemos la ubicación, ni la hora en que apareció, ni lo hemos visto, y a eso venimos a platicar con él, porque tiene algunas lesiones” dijo el fiscal Bravo.

 

Por su lado, Flavino, saludaba de manos a la población presente y con voz de barítono, decía con mucho orgullo “¡buenos días!, soy el Gobernador de Veracruz”.

 

Al fondo trabajaban en  las primeras pesquisas del caso  personal de Servicios Periciales, quienes  realizaban el conteo de los daños causados al Palacio municipal.  El cielo estaba nublado y  por dentro, en la planta alta del Ayuntamiento,  los bomberos buscaban posibles cadáveres de personas quemadas y  heridos; no había  sobrevivientes, ya habían pasado más de doce horas desde el incendio. Sin embargo se escuchaba el crujir de vidrios rotos regados por el suelo con cada paso que daban los traga humo.

 

Abajo el Gobernador daba entrevista a los medios de comunicación “el primer tema es el párroco muy apreciado en esta población, lamentablemente se infiltraron como siempre otras personas  que aprovecharon el momento político”, en realidad no dijo nada Flavino, solo estuvo 20 minutos y se marchó fuertemente escoltado.

 

El alcalde de Catemaco,  Jorge González Azamar, aprovechó la ocasión para hacer berrinches en público,  iba en compañía de su mujer, María Luisa Domínguez Bucio, quien el próximo año se lanzará por la Presidencia municipal de Catemaco, ¿usted mandó secuestrar al sacerdote? Le cuestionó la prensa luego que por Facebook, su propia gente, el  pueblo de Catemaco lo acusó “¡eso es mentira, son cuentas falsas!” gritó con ímpetu, y los ojos inyectados, batiendo una mano hacía el frente, porque en la otra, usaba un cabestrillo azul: se lesionó cayendo de un caballo.

 

En realidad no eran cuentas falsas, se trataba de un grupo local de ciudadanos unidos por redes sociales, quienes lo acusaron  “yo soy tan amigo del padre, Aarón, así como del padre que desapareció, soy católico de corazón”, jamás mencionó el nombre del sacerdote secuestrado.  Antes del mediodía replicaron las campanas de la iglesia de nuestra señora de Carmen en Catemaco, luego que se supo la gran noticia, que el presbítero  fue encontrado con vida,  aunque muy golpeado y torturado.

 

En la iglesia de los doce apóstoles ubicada en la colonia La Granja, fue grande el  regocijo con el que los católicos,  recibieron la noticia de la aparición de su  sacerdote, hubo  júbilo, alabanzas, gritos, aplausos “no fue Wilfrido, fue el señor Jesucristo quien lo trajo vivo de vuelta con nositros, nuestra parroquia estuvo 48 horas en vigilia de oración y con el Santísimo expuesto” dijo la grey católica, quienes aseguraron, que ésta fue su única forma de manifestación.

 

El párroco, José Luis Sánchez Ruiz, es sacerdote de la iglesia católica los Doce Apóstoles,  aunque un grupo violento de hombres desconocidos, lo sacó por la fuerza de su domicilio particular, la madrugada del viernes 11 de noviembre,  en el fraccionamiento Las Araucarias en Catemaco para secuestrarlo.

 

Lo que desató actos vandálicos con protestas, bloqueos carreteros, que concluyó con la quema de patrullas y del mismo palacio municipal, que se calcinó  por completo la noche del sábado 12 de noviembre.

 

El alcalde, Jorge González Azamar, declaró a los medios, que los responsables fueron los integrantes de un grupo denominado Organización del Gobierno Autónomo Indígena (OGAI) encabezado por  Wilfrido Martínez.

 

Por su parte, Aarón Reyes Natividad, coordinador Diocesano de los medios de comunicación social de San Andrés Tuxtla, pidió a los pobladores de Catemaco orar y no caer en la violencia y estar pendientes de las investigaciones.

 

Se vinculó el secuestro del sacerdote con las manifestaciones pacíficas que él había realizado  en contra de las altas tarifas de la CFE en la región, “aunque en realidad existe un trabajo de organización muy importante del cura,  que ayudan a las comunidades rurales con sus iniciativas y el trabajo hormiga de una iglesia que está pegada al pueblo”, dijo en un mensaje enviado vía telefónica,  el director del grupo Los Cojolites de Jáltipan, Ricardo Perry Guillen, también  activista social y conocedor de temas rurales en la sierra de Soteapan, quien fue visitado años atrás en su casa  por,  Rafael Sebastián Guillen Vicente, mejor conocido  el Subcomante  Marcos, Insurgente o Cero  del EZLN.

 

Agregó Perry, “conozco a alguien que trabaja en una organización de mujeres bajo el liderazgo del padre José Luis, y me dijeron que es buena persona, comprometido, sin ambiciones personales y, creo su error fue enfrentarse a la inseguridad”.

 

El miedo se apoderó de Catemaco el sábado desde las 14:00 horas con tres bloqueos carreteros que dejó incomunicados a los habitantes, porque no podían salir hacía Acayucan ni San Andrés, ni por ningún lado.

 

Eran más de 800 simpatizantes del OGAI de Wilfrido Martínez, los que se habían apoderado de las calles, de las carreteras, del Ayuntamiento. Quemaron patrullas, saquearon el DIF, el palacio municipal, el edificio del agua potable, los comercios.

 

Ante estos disturbios a las 17:40 horas ingresó a la ciudad un pelotón de patrullas de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) del estado, los cuales no pudieron llegar al centro de la ciudad, porque fueron correteados por los manifestantes, con la amenaza de quemarlos vivos con todo y patrullas.

 

A las 18:30 horas comenzó el pánico, los del OGAI, iniciaron el fuego, rompieron un cajero automático de Banobras, incendiaron muebles, una motocicleta y el mismo palacio,  quemaron las oficinas de la CFE, incendiaron el Registro Civil con todo y  papeles que nadie rescató, a pesar que no un registro digital de las actas de nacimiento, defunción y matrimonio.

 

El Ejército resguardaba la planta hidroeléctrica de la CFE, ubicada en el ejido Chilapa, porque prometieron hacer un apagón a las 20:00 horas, cosa que jamás sucedió.

 

Saquearon la casa del Síndico Único del Ayuntamiento de Catemaco, Sergio Guzmán Couberth.  Por si fuera poco destrozaron la casa del alcalde, Jorge González Azamar,  pero curiosamente no la quemaron. Dicen los más versados en este asunto, que los del OGAI, en forma de burla, traían puestas en la cabeza, “las tangas” de la joven y hermosas mujer de Azamar, a quien le dobla la edad.

 

Se escuchan balazos en la carretera por el Cobaev y por la Poza y hasta explosiones de bombas molotov en la CFE. A un reportero le destrozaron su cámara  por estar grabando los disturbios.

 

Este último corrió a esconderse  en un hotel de nombré Bertha Ángel y la gente gritaba que lo persiguieran para tirarlo desde arriba. Destrozaban los teléfonos celulares de cuanto ciudadano se atreviera a capturar una sola imagen de ellos.

 

No fueron los bomberos quienes sofocaron el fuego en el palacio municipal, sino héroes anónimos a las 21:30 horas,  porque no dejaron entrar a los traga humo.

 

Solo a la gente que ellos ordenaban, podían tomar imágenes y vídeos. Por redes sociales culpaban al alcalde, Jorge González Azamar de lo que le sucedió al sacerdote y decían que andaba huyendo porque no daba la cara. Los nativos se auto impusieron toque de queda, se negaban a salir a las calles y los taxistas suspendieron actividades desde las 22:00 horas; el bloqueo  del puente ubicado frente al hotel la Finca, sobre la carretera Costera del Golfo a la entrada de la ciudad, se levantó desde las 23:00 horas.

 

Por la madrugada  la gente del OGAI se retiró de Catemaco.

 

Sin embargo fue hasta el otro día por la mañana,  que los habitantes se dieron cuenta que solo quedaba humo y  basura quemada tirada en las calles, en el centro de la ciudad frente al parque.

Ya no había encapuchados, se había marchado la gente tatuada que trajo Wilfrido, desde el estado de Oaxaca, desde la sierra de Tatahuicapan y Pajapan, ya no había extraños motociclistas recorriendo la ciudad.

 

Las últimas noticias este lunes, es que la diócesis había informado en su cuenta de Facebook, que el sacerdote, José Luis Sánchez Ruiz, se encuentra en franca recuperación, internado en un hospital católico del puerto de Veracruz, custodiado por un fuerte dispositivo policial y elementos del Ejército Mexicano, aunque hasta el momento, sus feligreses, sus amigos y la gente de su comunidad cristiana, no han tenido la ocasión de verlo personalmente y saludarlo.

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