“Ábranse a la chingada. Venimos por ti cabrón”

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Minatitlán, Ver.

 

  Esta mañana de jueves, bajo el manto caliente de una ciudad quemante por el Sol y la violencia de una ciudadanía viva, que está muerta y enterrada, donde el número de muertos desconocidos crece. Se escucha un grito. “¡Chingada madre!”. Es la voz de un padre, Juan Fregoso Tlacualt. Alias El Paysa.

 

Su hijo que apenas llega a los dieciocho años, “un chavo noble y bien intencionado fue secuestrado” dijeron vecinos y  comerciantes. Relata un testigo que eran dos vehículos compactos que transitaban “en putamadriza” sobre, Francisco I Madero, en el centro de la ciudad, frente al malecón del río Coatzacoalcos, municipio de Minatitlán a las 07:45.

 

El primer automóvil se acercó a un pequeño e insignificante  local,  ubicado en la esquina que conforman las calles, Madero  e Ignacio Allende, donde venden carnitas de cerdo en la banqueta.

 

Bajaron cuatro hombres con fusiles y sacaron de las greñas y a golpes al hijo del Paysa. No hubo tiros,  porque no hacen falta balazos para que el crimen mate.

 

No hubo testigos que dijeran el tipo de vehículo en el que iban los sicarios, solo que eran cuatro. “entonces el muchacho que iba llegando por oponer resistencia, hizo que se asomara un fusil AK-47 de esos cuernos de chivo. Lo levanta y apunta un ratito que para mí fue un chingo, Y lo más cabrón fue cuando dijo “¡ábranse a la chingada, venimos por ti cabrón!”recordó uno de los seis empleados del negocio de carnitas.

 

En la calle un motor rugiendo y otro que escapa a más de 120 kilómetros por hora, en una avenida angosta que apenas da para que circulen dos vehículos, uno por cada sentido haciendo el paso de la muerte. Vieron que el vehículo donde se llevaron al levantado siguió su trayecto, se fue hacía las calles del Playón Sur, quemando llantas y en medio de  un chirriar muy fuerte en cada vuelta de esquina.

 

Nadie supo a donde se lo llevaron, ni quien se lo llevó. Luego que paso todo. El asunto se manejó con hermetismo, nadie avisó a nadie, la Prensa lo supo tarde.

Los reporteros llegaron corriendo cámara en ristre, pero los policías ya se habían ido y algunos familiares les dijeron “aquí no ha pasado nada”. Aunque los periodistas hicieron su parte para rescatar la historia de violencia en una ciudad sin seguridad, donde quien habla con los periodistas, lo hacen a cambio del anonimato.

 

Se sobre entiende que en caso de existir formal denuncia, cosa que ninguna autoridad ministerial ha confirmado hasta el momento. Le correspondería investigar el crimen, a la Unidad Especializada en Combate al Secuestro (UECS) de la Fiscalía General del Estado (FGE), con sede en la ciudad de Coatzacoalcos.

 

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