Tecnología de rancho, el amor en tiempos del Smartphone
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Para todo ciudadano jarocho o boqueño, vivimos en una pequeña urbe que nos futuriza a una gran metrópoli, vivimos al último grito de la tecnología y descubrimos cuales son los mejores gadgets para nuestros smarthphones, sin embargo, a no muchos kilómetros hay un paraíso que nos lleva años luz en la vida cotidiana de nuestro hermoso país.
Hoy visité “Los Manguitos” una pequeña localidad de Medellín de Bravo, asistí a un cumpleaños nada común y mucho menos corriente. Nada menos que el cumpleaños de Don Juan Mata, hombre delgado, figura recia, piel quebrada del sol y años de trabajo 100% de rancho, el cumpleaños número 90.
Muchos de los que hoy caminamos por esta vida tenemos muchos achaques, la pregunta es cómo llegar a los 90 años con la entereza que tiene este hombre que se va solo a la ciudad de Veracruz en el transporte urbano para vender nopales, crucetas y calabazas en el mercado local.
Medio escucha, medio ve, pero no se pierde detalle alguno, rodeado de sus hijos, hombres también de rancho, de pocas expresiones sentimentales, es imposible no observar que bajo esa imagen de rudeza todos le tienen un gran respeto y amor a su señor padre, al igual que las nueras y nietos. Además de vecinos que se acercaron a disfrutar de dos pailas de gandinga y mole de barbacoa con arroz, todo perfectamente guisado al calor de la leña.
La leña que es material indiscutible para todo guiso en Medellín de Bravo, es el toque que lo hace único y que sin duda marca una diferencia abismal entre los manjares de cualquier cocinero experto.
Pero hoy tuve la bendición de poder apreciar algo que brotó las lágrimas de todos los presentes, hoy llegó desde el Estado de Hidalgo, su hijo mayor a quien desde hace mas de 6 años no había visto; la distancia, la economía y los compromisos familiares no habían permitido que el hijo regresara a la diestra de su padre, sin contar el secreto que los hermanos guardan sin que Don Juan sepa que este hijo a poco estuvo de perder la vida, sin embargo, nadie se lo ha dicho ni se lo dirán por la gran bendición de que no ocurrió nada fatídico, y hoy justo en su cumpleaños antes de partir el pastel, llega al regazo de don Juan un señor, que lo saluda con gran entusiasmo, el festejado, le responde con una sonrisa sencilla pero sin sorpresa, hasta que le dice papá soy tu hijo Eduardo, razón suficiente para que Don Juan no pudiera levantarse de la emoción y soltara lágrimas inmediatas, sin poder articular sonido alguno se lleva las manos a los ojos, queriendo disimular las lágrimas las cuales fluían una tras otra sin poder contenerlas y esbozar una gran sonrisa de alegría por recuperar a su hijo separado por la distancia.
Situación que me recuerda el pasaje bíblico del hijo prodigo, en donde existen condiciones similares, sin internet, sin celulares, y las mismas lágrimas de emoción.
Miguel Ángel, Joaquín, Fermín, Guadalupe, Casilda son el resto de sus hijos, quienes protegen a su padre en su vida cotidiana, sin duda una muestra de amor sin palabras, ellos, reconocen y saben la gran emoción de su padre por ver al hijo mayor, por lo que dejan que sea el gran regalo para su viejo, saben que el tiempo con que puedan contar con su padre es impredecible, pues detrás de esa fuerte figura sin duda es un hombre mayor, sin embargo, mientras don Juan siga en pie, es y será la gran figura de esta familia que su sello inquebrantable es el amor.
Tal vez estemos acostumbrados por el morbo televisivo a ver el sufrimiento de los padres por los hijos que se portan mal, pero vivir y observar paso a paso la emoción de Don Juan por poder abrazar a su hijo antes de rendir cuentas al ser supremo, es sin una experiencia más que emotiva.
Fue un día como pocos, enmarcado en la belleza natural del lugar, el sembradío de nopales y crucetas que don >Juan cuida esmeradamente, una choza similar a las de las películas de la época de oro del cine mexicano, lejos de la civilización, sin luz, teléfono, y las emociones más puras a flor de piel, sin duda, una experiencia muy lejana a lo cotidiano y que me deja en claro que no hay nada más bello que las lágrimas de un padre que recupera un hijo.
La tecnología nos trae grandes avances, nos facilita la vida y nos acerca en teoría a nuestros seres queridos, pero de igual manera quebranta las relaciones impersonales, las comidas familiares hoy en día son encriptadas en una comunicación unilateral, humano-smartphone, podemos caer en la frase trillada de valorar la familia, pero sinceramente los invito a que un día solo un día se reúna con sus seres queridos, lejos de cualquier celular que lo pueda distraer de la gran bendición de disfrutar la familia y en ese momento usted podrá recuperar su familia como ese hombre bíblico que recuperó a su hijo.










