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Los párvulos lloran siempre el primer día de clases, las madres gimen junto a ellos. Nadie puede evitar reír cuando narran la famosa anécdota  que siempre contó la educadora, Modesta García Ramos, que en paz descanse, cuando esa mañana de hace 38 años el más pequeño de los mortales les llamó “putas” a todas las maestras.

 

Minatitlán, Ver.

 

Septiembre de 1977- Están a punto de cerrar el portón en el  Jardín de Niños Tomasa Valdés Viuda de Alemán, localizado en Minatitlán sobre la avenida 18 de marzo, en la colonia Obrera; la maestra “Mode” sigue intentando soltar de los brazos de su madre a un niño de tres años de edad , porque es su primer día de clases, su primera experiencia, jamás se había quedado solo fuera de casa, “¡no mamá, por favor no me dejes!” hizo berrinches, se tiró al suelo, se zangoloteaba con todas sus fuerzas, tiraba de la blusa a su mamá hasta que comenzó a soltar mentadas de madre, a tirar aquellos dardos punzantes que jamás había recibido Mode, ni ninguna otra educadora de nivel preescolar “¡suéltame puta, suéltame puta!”. Cuentan que, Mode, se tiró las carcajadas y corrió a buscar a la directora Doña, Hortensia Adriano que en paz descanse,  le quiso jugar la broma y fue decirle “Doña Hortensia, en el portón hay uno de esos niños imposible que requieren de su experiencia, por favor vaya usted a recibirlo”! Sobria, solemne, sabiéndose inalcanzable  por sus años de experiencia en esos menesteres acudió, Doña Hortensia, a su cita con lo jamás vivido. Juanito ya respiraba más tranquilo, se había serenado aunque sin bajar  la guardia, siguió dispuesto a luchar por la supremacía y el calor de hogar, estaba dispuesto a regresar a casa con su mamá, “¡haber mijo! ¿por qué estás armando alboroto en mi kínder? ¡Tienes que quedarte! ¿Por qué no te quieres quedar?  Cuestionó la maestra Adriano, “¡Tú, tú, tú y tú, son todas unas putas en esta escuela y no me voy a quedar!” contaba Mode que Juanito le respondió a Doña, Hortensia, gritando y señalando con el dedo a cada una de las maestras que se encontraban paradas en fila en el portón de la escuela “¡hay mijo! ¿Nos estás hablando al tanteo, o  nos sabes algo?”. Cuenta la historia que  esa mañana así le respondió a Juanito,  la profesora, Hortensia Adriano. Fue un día alegre porque ninguna maestra paró de reír en toda la mañana. Finalmente Juanito se quedó en clases; tres años después se graduó de preescolar, le dieron su diploma, ese último día el niño llorón y mal hablado fue parte de la escolta, ya se portaba bien y hablaba bonito, le concedieron el honor de cargar la bandera de México como despedida.

La maestra Narce, dijo que los padres tienen la culpa por no irse y dejar a sus  hijos

Septiembre de 2015- En el pequeño portón del Jardín de Niños Bertha Domínguez  Martínez, ubicado en Bernardo Simoneen número 20, en Buena Vista Sur de Minatitlán, Lupita llora sin parar, ya tiene dos semanas que iniciaron las clases pero no se acostumbra, todos los días le dice a su mamá “¡Hoy no, mañana si, buuuuuu!” mientras los demás padres de familia observan con ternura, no quiere que mamá se vaya. En la entrada del “Bertha Domínguez”  solo observan la llegada de los niños  sin decir nada la directora, Narcedalia Hernández Solís y la maestra Juanita Zavala Pineda, quienes  iniciaron muy jóvenes su carrera profesional en el kínder, Tomasa Valdez de la obrera, fueron compañeras de trabajo de la maestra,  Modesta García Ramos, y la despidieron después de 40 años de servicio docente –se jubiló forzosamente en 1999 porque le dio un infarto cerebral y ya no pudo regresar al siguiente ciclo escolar-   Narce advierte a los padres de familia “¡A las nueve en punto pongo en candado!” voltea y dice con firmeza a los presentes “así decía Mode” recuerda, se ríe con esa franca sonrisa que le caracteriza. Juanita observa indiferente, escudriña, deja que los niños lloren, cuando ya están todos adentro cierra la puerta de su salón y pone llave; el primer día la mitad de sus 20 alumnos lloró y las mamás con ellos, Juanita y Narce son expertas en el área de Preescolar, tienen paciencia para escuchar y soportar el concierto de llanto que entonan los parvulitos de tres años, pero nada les impresiona, porque al rato los sacan al patio de la escuela, les ponen música, bailan y cantan al ritmo del grupo Encanto “¡Taza, tetera, cuchara, Cucharón, Plato hondo, plato plano, cuchillito y tenedor, salero, azucarero, batidora, olla exprés. Las maestras son mujeres adultas que saltan y  bailan, se contonean, se quiebran, se mueven al ritmo de música entonando la canción  “Soy una taza, una tetera…….los párvulos se quedan felices.

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