“Queremos el Gobernador aquí, con Mecayapan ya no queremos nada”

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Soteapan, Ver.

 

Así como ellos hablan el castellano,  se escuchaba que gritaban las mujeres “queremos el Gobernador aquí”, expresando todo su odio y rencor hacía el alcalde de Mecayapan, Jesús Cruz Hernández, de quien renegaron en todo momento y con mucho coraje, porque aseguraron que los tiene sumidos en el vil abandono.

La consigna principal era, “Si no nos dan solución, no hay votación el domingo” porque ya están cansados que su alcalde no les baje recursos, ni les instale el drenaje, tampoco alumbrado público, entre otras necesidades primordiales que requiere una completa urbanización  en un poblado “por eso queremos ser municipio libre” sentenciaron.

Dijo una mujer adulta de piel achocolatada “del presidente ya estamos cansados, el viene a mandar aquí a Huanzuntlan, como autoridad nos pasa encima , como es posible, no somos niños, ni chamacos” exigiendo de esa manera respeto hacía sus personas.

¡Si no hay respuesta, no hay votaciones! Expresaban más fuerte los campesinos encapuchados y sus mujeres mientras levantaban los palos y machetes en son de guerra; el miedo se podía sentir entre la gente extraña que había acudido a ese lugar, porque los nativos se notaban broncos, rudos, decididos a ver correr la sangre, afortunadamente  nadie resultó lastimado, ni retenido, mucho  menos amenazado, porque dejaron a la prensa hacer su trabajo libremente.

A 23 kilómetros del municipio de Chinameca estaba ubicado el primer bloqueo, donde las camionetas, mixto rural, dejaban a los estudiantes y al familias que transbordaban hacia Pajapan, mientras que en una tienda de abarrotes estaban sentados como 40   chóferes repartidores de los productos Marínela y Pepsi, que se habían quedado atorados en el bloqueo con sus vehículos.

En tanto un chófer de los  camiones, Sotavento, intentó salir por la fuerza del bloqueo, pero aparte de que era imposible burlar la barricada porque sobre la carretera atravesaron troncos, piedras y ramas de Cocuite en abundancia, de esas que usan los Brujos para las limpias de malos aires.

Sin pedirle permiso lo bajaron por la fuerza entre más de 30 personas, que le aplicaron su correctivo amansa-necios que lo dejó sosiego por un rato, aunque para salvar su honor entre la turba enardecida, se marchó murmurando  hacía una tiendita de abarrotes que divisó a los lejos, donde pidió un refresco dulce para el susto, porque los machetes se notaban muy filosos.   

 

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