images

La casa de mi madre esta a la orilla de la zona centro de Veracruz, a una cuadra de Miguel Ángel de Quevedo, algunas de las paredes son las originales con las que se construyo o al menos así las hemos visto, mi familia ha vivido ahí al menos unos 35 años y otros tantos que tienen las paredes, sobretodo la parte que no esta ahitada y que utilizamos como bodega.

En ese tiempo, tenia como 17-18 años y ya habíamos visto tantas cosas que realmente no nos importaba lo que pudieran hacer todos los seres sobrenaturales y paranormales que convivían con nosotros.

Bueno, eso creía yo, pero si es bastante molesto escuchar pisadas en el techo ( que no es lo mismo que pasos en la azotea Emoticono smile ) y sobre todo escuchar una canica que lanzaban todos los días a las 3 de la mañana y el corre-corre de varios niños o a mi parecer chaneques en el techo de la recamara donde dormía, obviamente me despertaba muy molesto, empezaba a mentarle la madre y a insultarlos, a veces funcionaba a veces no tanto.

De vez en cuando subía al techo a ver que desorden había, pero lo mas que encontraba eran unas canicas de barro, algunas enteras y otras partidas pues las competencias eras feroces entre los que jugaban, las recogía, algunas las guardaba y otras pues ya nunca las encontraba.

Hasta ahí nos llevábamos bien, me despertaban, los corría y todo en paz, la gota que derramo el vaso, fue cuando empezaron a prender una televisión de esas de cinco pulgadas, que como novedad en aquellos años, era grabadora, televisión, radio y el problema no era que la prendieran, sino que solo ellos podían hacer funcionar el aparato, yo tenia que girar la perilla cuatro o cinco veces para que encendiera, pegarle dos o tres veces o la mayor parte del tiempo rendirme, por que estaba en mal estado, varias veces la tuve que apagar después de oír los pasos de todos corriendo.

Pero ahí no para el asunto, después de desconectar la televisión y que la volvieran a conectar y encender, ya estaba bastante molesto y fastidiado de que cada noche me hicieran alguna travesura, incluso hasta esperaba a ver que nueva idea tenían para insultarlos hasta el cansancio y se les ocurrió una muy buena.

Me acosté a dormir como siempre, cerca de las 11 de la noche (estaba chavo y mi trabajo era pesado) pero por ahí de las 3 de la mañana, para no variar empezaron a dar lata, a mover la cama y hacer ruido, intente despertar y entre sueños los alcance a ver, cerca de nueve cheneques alrededor de mi cama, asomando solo las cabezas, si que se vieran sus cuerpos, volví a poner la cabeza en la almohada, no pude despertar en el primer intento, pero en automático abrí los ojos, quizá habían pasado centésimas de segundos para darme cuenta de quien me rodeaban, pero ya no alcance a ver a nadie, obviamente se me puse furibundo, insulte mas que nunca aventé cosas, almohadas, libros, zapatos y al parecer entendieron, pues pasaron un par de años hasta que un nuevo «inquilino» llego a las paredes de la casa de mi mama.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *