tlacanexquimilli

Por: Armando Bautista Reyes

Historia Mitos y Leyendas

 

Nota: algunas palabras en el diálogo se trataron de adaptar al lenguaje indígena, para distinguirlas del lenguaje común se dejaron en forma cursiva.

Cuando el sol se oculta y llega la noche, los indígenas corren amedrentados a sus hogares. Nadie opta por salir. Ni siquiera el gran emperador Moctezuma es capaz de enfrentarse a la muerte misma.

Sólo la luna brilla sobre el lago de Texcoco, mientras que la ciudad del imperio Mexica es atemorizada por una misteriosa niebla y un estruendoso lamento del temible fantasma “tlacanexquimilli”.

Éste espíritu maléfico andaba fundiendo el pánico a todo aquél que encontrase en su camino. Siempre andaba arrastrándose en el suelo, gemía cómo un enfermo; incluso, los que lo veían a escondidas, afirmaban que no tenía ni pies y cabeza.

Además, otros indígenas creían que éste espectro era una ilusión del dios Tezcatlipoca; otros, concebían la idea que cuando lo veían, tomaban mal agüero de que algún infortunio les habría de acontecer; o que morirían en la guerra; o que morirían brevemente en una enfermedad.

Sólo los más valientes – soldados viejos – eran los únicos que enfrentaban a este fantasma; siempre andaban en su búsqueda para que les diese ventura o buena fortuna. Cuando estos soldados topaban con uno de ellos le decían:

–          ¿Quién iris tú? Mira qui ya ti tingo bien asida y no he di dijarti ir.

Después de decir esto el soldado, lidiaba con el espíritu hasta el amanecer y lo forzaba hablar.

–          Dijami qui mi fatigas, qui is lo qui quieres – decía el fantasma.

–          ¡Qui mi puidis ofrecer! – Respondía el soldado.

–          Ti ofrizco una ispina di maguey

–          ¡No la quiero! – se negaba el soldado aceptarlo; pues una espina no significaba nada para él – ¡Una ispina no vali nada para mí; quiero más!

Tanta era su insistencia que el Fantasma tlacanexquimilli determinaba en decirle:

–          Ti doy toda la riquiza qui diseas para qui sias próspero in il mundo.

 

Al escuchar esto el indígena mancebo y osado, dejaba en paz al espíritu y éste huía y no tornaba en regresar por estos rumbos por un largo período; solo así la ciudad del imperio Mexica volvía a estar en paz para continuar con sus ritos o costumbres, y que seguirán siendo difundidos de generación en generación.

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