“La caja me salvó la vida, porque el golpe partió mi camioneta en dos”
José Roberto Ojeda Jiménez, estaba parado sobre la carpeta de rodamiento del bulevar Institutos Tecnológicos después de haber sufrido un accidente de tráfico; la sangre le escurría por la cara, en el pecho tenía golpes, además de raspaduras en brazos y manos, apenas si podía hablar, empero hizo un esfuerzo, porque quería platicarle al reportero de LIBERAL del Sur lo que había ocurrido.
“Yo vengo de Coatzacoalcos y traigo un cargamento de 25 cajas de nopales para Aurrera, y llegué a la autopista a las diez en punto, pero en este tramo se me vino encima otro vehículo”. Fue informado que la GMC que lo golpeó, se había pasado el alto frente a Pecosa y venía bajando la pendiente a toda velocidad rumbo al TEC de Mina, cuando él venía circulando en sentido contrario.
Siguió diciendo “el fuerte golpe partió mi camión en dos, y lo que me salvó la vida fue el armazón de la caja de una tonelada que traigo atrás”, mencionó con orgullo, José Roberto, quien se negó a recibir atención médica porque aseguró “me siento a toda madre” mientras su mujer le limpiaba la sangre del rostro, que tenía un poco deforme por la hinchazón que ya comenzaba a presentar, por los fuertes golpes que recibió durante el encontronazo.
“Yo nada más sentí el madrazo, logré bajar de mi camioneta por mi propio pie y el conductor de la GMC venía más bruto que nada, ´porque todavía alcancé a tomarle fotos con mi celular”, recordó que el chófer del vehículo responsable, quedó atorado entre los fierros y fueron los Bomberos quienes lo sacaron, con las quijadas de la vida que sirven para auxiliar a personas que quedan prensadas dentro de automóviles.
Asimismo sobre las paredes del paso de desnivel; la gente se encontraba sentada observando como si estuvieran en el cine; algunos estaban capturando imágenes con sus teléfonos celulares, mientras que otros se encontraban realizando el peritaje entre ellos, y hablaban en voz alta sobre quien había tenido la culpa y querían saber quiénes eran los implicados en el fuerte choque.
Por su parte, lo que a, José Roberto, más le preocupaba era quien le iba a pagar los daños, porque su vehículo resultó con pérdida total y él ni siquiera sabía el nombre del culpable. “¡Tienes que ir al médico!” le exigía la gente, pero él seguía diciendo que estaba a toda “madre” y que tal vez mañana si le daba tiempo pasaba a ver al doctor, aunque la turba le recordaba, que por la adrenalina, los dolores se le iban a manifestar horas o días después del accidente, de una manera progresiva e iban a ir empeorando.








