Aventuras camioneras de la vida diaria
Doy el último trago a mi café que me relaja y me inspira, el café parece como si fuera un compañero de vida, el calor que trasmite en mi cuerpo y ese sabor dulce pero al mismo tiempo amargo es una mezcla de sensaciones y emociones que mi cuerpo solo sabría explicar, pues mi mente a un no lo entiende.
Me dirijo a tomar el autobús el cual tardo unos diez minutos en pasar, al subir el primer escalón note que estaban rotas había un hoyo enorme en medio de la segunda escalera, tuve que estirar mi pierna para no pisar donde está el agujero enorme, logre subir y me percate que no solo eran los escalones, el piso también estaba lleno de huecos, me senté dos sillas atrás del chofer y me llega un olor a vainilla hostigoso combinado con pino y madera haciendo que mi estómago se revolviera y sintiera ganas de devolver mi rico café de la mañana. Solo eran las 9:40 am y ya había mucho tráfico los carros se metían entre otros para avanzar más rápido, ese afán de salir de sus casas tan tarde y no darse el tiempo de disfrutar su camino, el chofer también va manejando como si fuera a irse su vuelo de las 10, no comprendo por qué va tan rápido si él, al final solo será una vuelta que se repetirá una y otra y otra vez más. Es la segunda esquina donde hace parada y el camión ya va muy lleno, sigue su rumbo y de la nada todos nos levantamos de los asientos y caemos bruscamente el dolor entumeció mi espalda, los pasajeros molestos empezaron a gritarle muchas cosas al conductor, “no traes animales” “te voy a denunciar” “eres muy bruto” y muchos calificativos más, y con justa razón la gente se molestó, ya que provoco que nos lastimáramos, pobre de la anciana que esta atrás de mí se golpeó en la cabeza y la señora que va a un costado mío que se casi se cae.
Me pongo a pensar por que no denunciamos estas anomalías a las autoridades para vengan a componer las calles, y levantar nuestra queja hacia el conductor, quien tiene una licencia de manejo que no se quien se la autorizo, estamos tan ocupados en otras cosas que no prestamos atención a nuestros derechos como ciudadanos o quizás si sabemos, pero estamos acostumbrados a esperar que alguien más haga las cosas por nosotros.
Es hora de bajarme y noto que la puerta trasera tiene un letrero que dice “me vez y sufres” y creo que es tan acertada esa calcomanía ya que todos veíamos al conductor y sufríamos a la espera de otro levantamiento brusco. Pero al fin baje del camión, fueron 20 minutos de aventura y experiencias, que no me había dado cuenta que vivía cada mañana al tomar el autobús.
